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domingo, 30 de mayo de 2010

JCE: Un mal de origen


9:30 |

“Nadie da lo que no tiene”. Esta sentencia evangélica expresa de forma categórica, que lo que hacemos no es más que un producto de lo que somos. La cultura del consenso y el equilibrio, chantaje organizado históricamente por la partidocracia es lo que ha impedido a la Junta Central Electoral ser lo que debe ser, una instancia de arbitraje.

Un consenso y equilibrio matizado por un principio cuyo único propósito es repartir y sacar ventajas individuales en desmedro del bien común social.
Mientras la Junta Central Electoral esté determinada en su composición por una representación de cada partido, la lógica será defender y preservar el interés particular y no el interés general del proceso, este mismo mal se refleja en la estructuración de los colegios electorales, allí los presidentes son instalados en previo consenso y justa distribución con los partidos. Otro elemento que habrá de superarse si se quiere una mayor elevación política y moral en términos de progreso social, es el caos de las acreditaciones.

Tal como están concebidas constituyen un riesgo para el proceso mismo y para los participantes.
Las acreditaciones en manos de los partidos son un medio para mantener una campaña abierta y un mecanismo para romper la solidaridad interna. Se debe modificar la ley 275- 97 para que la representación en los colegios electorales no sea propiedad de los candidatos; sino, representación institucional de los partidos, de esta manera se garantizará la institucionalidad del proceso.

Los partidos en esta modificación, así como inscriben sus candidatos en las respectivas circunscripciones, tendrán que registrar delegados ante las mismas y, las idenficaciones las has de expedir el organismo electoral, junto con las de los demás funcionarios electorales del colegio que se trate.
En una nueva filosofía política es necesario hacer entender a los partidos, que la Junta Central Electoral no es un mostrador o mesa de transacciones, en donde cada dirigente hace grandes negocios.

La Junta debe transitar el camino de la profesionalización enrolando en todas sus estructuras, tribunales, colegios y oficialías, solo personas virtuosas seleccionadas por sus meritos y condiciones morales, jamás recomendadas por los partidos.
Es necesario construir una nueva cultura electoral que coloque la Junta en el plano que le corresponde, ser máximo organismo de arbitraje entre las partes y, garante de la seguridad del proceso a favor del ciudadano.


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